DUELO EN NIÑOS: VALORACIÓN DE LAS CREENCIAS SOBRE LA MUERTE.

Autora: Marta Clemente Sánchez

INTRODUCCIÓN.

Desde el atentado del 11 de Septiembre ocurrido en Nueva York y del 11 de Marzo en Madrid, ha crecido la conciencia acerca de la importancia de la intervención psicológica con afectados por desastres. En estas situaciones de grandes desgracias o sucesos lamentables, un apoyo psicológico eficiente se convierte en una medida de prevención ante las posibles repercusiones o secuelas. Una aplicación de esta intervención es sin duda la intervención en casos de duelo. La muerte de un ser querido produce una serie de estados debido a la pérdida, y es bueno que el deudo cuente con un apoyo profesional para pasar el trágico momento. Ahora bien, la superación de la muerte es algo que ha formado parte de la vida desde el principio de los tiempos y las personas cuentan con una serie de creencias en torno a este tema, ya sea por costumbres, tradición o por la experiencia vivida. Es a la vez algo muy personal, por lo que toda intervención psicológica debe tener en cuenta las características individuales del sujeto así como conocer las creencias que llenan su vida.

En occidente, la aflicción unida a la pérdida de un ser querido ha sido tabú para la población infantil, especialmente desde hace unos años. A la vez que se cree que no son capaces de procesar la pena se pretende que no tengan ninguna. Cuando sufren una pérdida, se ofrece rápidamente un sustituto, negándoles así la expresión, vivencia o afrontamiento de su dolor. Sería bueno que los padres estuvieran informados de que los niños son capaces de enfrentarse también al duelo, es más, ellos necesitan hablar y resolver sus dudas, pues es algo que sucede a su alrededor y que les afecta.

Sin especificar en la etapa de la infancia, las personas por lo general reaccionamos ante los sucesos según la valoración que hagamos de los mismos, y esto está íntimamente ligado a nuestras creencias personales. Esta afirmación sigue siendo cierta en los menores de edad, por lo que investigar sus creencias relacionadas con la muerte nos dará información para abordar el tema científicamente y mejorar las intervenciones futuras.

DELIMITACIÓN CONCEPTUAL.

DUELO
Representa el estado de pérdida de cualquier ser, objeto, parte del cuerpo o función que es emocionalmente importante para la persona. Deudo es aquella persona que está de duelo (que ha perdido un ser querido). En este documento el duelo se refiere a la pérdida de un ser querido.

AFLICCIÓN
Representa las reacciones particulares subjetivas que se experimentan mientras se está en estado de duelo (lo que uno siente, el dolor de la pena).

LUTO
Representa los actos culturalmente definidos que son usualmente realizados después de la muerte; incluye rituales y comportamientos que son específicos a cada cultura y religión.

FASES DEL DUELO.

El proceso de recuperación de duelo consta de varias etapas (Montoya, 1998), en las que se presentan reacciones totalmente normales y esperables ante la pérdida de un ser querido, y comunes a todos aquellos que se encuentran en estado de duelo. Si la muerte se produjo inesperadamente, estas fases con más largas y difíciles de soportar. Pueden presentarse de forma simultánea, solo algunas de ellas cada vez, con predominio de una sobre otras o bien escalonadamente, caso en el que algunas persisten más tiempo o continúan en la siguiente fase del duelo. Su discutida presencia nos ayuda a entender y ver el duelo como un camino a recorrer, y no como un hecho aislado. Estas fases contextualizan y normalizan las reacciones que se pueden presentar durante el duelo, y son las siguientes:

1. Primera fase del duelo: La aflicción aguda

En esta fase hay repercusiones físicas notables.
Sus características más importantes son: Incredulidad ante la pérdida, confusión, inquietud, oleadas de angustia aguda (varias veces al día, duran unos minutos y suelen ser provocadas por recuerdos del difunto: agitación, llanto, actividades sin objeto, sensación de ahogo, opresión, respiración suspirante, sensación de vacío en el abdomen, debilidad muscular, sofocos y preocupación con la imagen del muerto), pensamientos obsesivos (repetición mental constante de los eventos que condujeron a la pérdida y a la muerte misma) y algunos síntomas físicos como sequedad de boca y mucosas, respiración suspirante, debilidad muscular, llanto, temblor incontrolable, perplejidad, trastornos del sueño y del apetito, manos frías y sudorosas, náuseas, aumento de la frecuencia urinaria, diarrea, bostezos, palpitaciones y mareos.

2. Segunda fase del duelo: Conciencia de la pérdida

A medida que los síntomas y reacciones iniciales gradualmente pierden su intensidad, y la persona acepta intelectualmente (en su pensamiento y realidad) la nueva situación, comienza la segunda fase del duelo. Cuando el funeral ha terminado, y los amigos y conocidos reasumen sus vidas normales, el verdadero significado de la pérdida golpea con fuerza al superviviente. Es un período caracterizado por una notable desorganización emocional, con la constante sensación de estar al borde de una crisis nerviosa y perder la cordura.
Sus características más importantes son:
Ansiedad de separación (nerviosismo por la separación del ser querido), estrés prolongado, culpa (es un sentimiento común a todo tipo de pérdida), agresividad (es también un fenómeno común y natural en el duelo), comportamiento de búsqueda y sintiendo la presencia del muerto (el superviviente tiende a buscar al muerto en lugares familiares; la presencia del difunto puede todavía ser sentida, ante lo cual el deudo se comporta como si no hubiese ocurrido la pérdida: poner la mesa para dos, preparar su cama, hablar con el difunto, etc.), ensoñación (es durante esta fase del duelo que los sueños son más prolíficos), otras reacciones (incredulidad y negación, frustración, trastornos del sueño, miedo a la muerte, añoranza, llanto).

3. Tercera fase del duelo: Conservación – aislamiento

Esta fase es experimentada por muchos como "el peor período de todo el proceso del duelo". Es durante esta fase que la aflicción se parece más a una depresión (ya como enfermedad psiquiátrica).
Sus características son:
Aislamiento (la persona prefiere descansar y estar sola), impaciencia (la persona siente que debe hacer algo útil y provechoso que le permita salir lo más rápidamente posible de su estado de duelo), fatiga y debilidad, repaso obsesivo, apoyo social disminuido, necesidad de sueño, desesperación, desamparo e impotencia.

4. Cuarta fase del duelo: Cicatrización

Este período de cicatrización significa aceptación intelectual y emocional de la pérdida, y un cambio en la visión del mundo de forma que sea compatible con la nueva realidad y permita a la persona desarrollar nuevas actividades y madurar.
Sus características son:
Reconstruir la forma de ser (esencialmente es un proceso de transformación, para "volver a ser" otra persona, que no se completa sólo por el hecho de que el individuo haya dejado de llorar), retomar el control de la propia vida, abandono de roles anteriores (papeles o funciones que cumplía antes), búsqueda de un significado, cerrando el círculo (cerrar la herida), perdonando y olvidando, otras reacciones (disminución gradual de los efectos del estrés prolongado y un aumento de la energía física y emocional; se restaura el patrón de sueño normal).

5. Quinta fase del duelo: Renovación

Una vez que el superviviente ha realizado los cambios necesarios en su sentido y estilo de vida, que ha recuperado su nivel normal de autoestima y que ha logrado encontrar sustitutos y reemplazos para la persona perdida (pueden ser cualquier cosa que interese al individuo o le dé un sentido y propósito, no necesariamente otra persona), ellos se mueven hacia la fase final del duelo.
Sus características son:
Vivir para sí mismo, aprendiendo a vivir con falta y reacciones de aniversario (reacciones y síntomas semejantes a los experimentados durante el duelo).

EL DUELO EN NIÑOS.

La pérdida de un ser querido afecta al ser humano desde su vulnerabilidad mental, y hasta puede tener repercusiones a largo plazo (Martín, García-Ribera, Bulbena, Cuadernos de crisis), por ello pasar el periodo de resolución del duelo (llamado luto) de forma lo más natural posible es una meta a conseguir para los adultos, y más para los niños, pues están en pleno desarrollo.

Aunque los adultos suelen tratar con franqueza los aspectos relacionados con la muerte y el duelo, los niños, como grupo, suelen estar excluidos de tener que expresarse de una manera determinada (se les deja solos o se les evita, por todos los medios posibles, toda expresión de dolor). Pero nunca hay que dejar que el niño viva en la ignorancia y la ansiedad de no saber qué ha ocurrido (Ramos, 2002), pues a ellos les afecta tanto o más la pérdida de un ser querido al no haber aprendido aún que se puede sobrevivir a ella, por tener un sentido del futuro distinto del que tiene el adulto (Ramos, 2002).
La educación de los adultos en cómo manejar este difícil asunto es casi nula o inexistente, y debido a ello, la adaptación de los niños a la pérdida de sus seres queridos puede ser inadecuada en un gran número de casos; estas respuestas inadecuadas (duelo complicado) pueden continuar por años e interferir con su adaptación social y escolar y/o asociarse a problemas psiquiátricos en la vida adulta. El adulto debe apoyar al niño en duelo sin ser necesario explicarle todo lo que ocurre, simplemente hacer que sus ideas queden claras y sean verdaderas. Por otra parte, el proceso de adaptación a la pérdida puede verse retrasado si el niño se ve obligado, además, a defenderse de otros cambios en su vida cotidiana (crisis concurrentes) secundarios a la muerte: cambio de ciudad, colegio, amistades, etc.

Conviene aclarar que la forma que tiene el niño de enfrentarse a la muerte de un ser querido es bien distinta de la que tiene el adulto porque su concepto de muerte no llega a ser maduro hasta los diez u once años. Antes de ese tiempo, el niño adquiere progresivamente cinco subconceptos previos:
1. Criterio de No Funcionalidad: se refiere a que cuando el cuerpo se muere ya no funciona más: no tiene dolor, frío, hambre, no tiene que ir al baño, no tiene que respirar o comer, etc.
2. Es Permanente: la muerte es para siempre.
3. Es Inevitable: nadie puede evitar la muerte.
4. Es Irreversible: nadie puede devolverse la vida a sí mismo o a otra persona.
5. Es Universal: la muerte le sucede a todo lo que está vivo

REACCIONES DEL NIÑO: SU AFLICCIÓN

Las reacciones de aflicción que presentan los niños son variables, pero normalmente incluyen: Tristeza, depresión, ansiedad (la ansiedad y la tensión interna pueden adoptar la forma de hiperactividad o de un comportamiento excesivamente activo, inquieto o agresivo), rabia, culpa, desorganización de su comportamiento que puede llegar incluso a la delincuencia, Un sentido de vulnerabilidad e inseguridad personal, aislamiento, problemas conductuales y trastornos disciplinarios (en casa y en el colegio), trastornos del sueño, de la atención y de la concentración. Otras reacciones posibles son: enuresis, jaquecas, preocupación por su responsabilidad, temor ante la posibilidad de morir también, etc. Cada una de estas molestias, quejas o comportamientos deben ser tratados (analizados con el niño o con la ayuda de un profesional en duelo) individualmente y paso a paso.

La reacción casi inmediata de un niño cuando se entera de la muerte de un ser querido gira entorno a tres preguntas: ¿la causé yo?, ¿me puede ocurrir a mí, a papá o a mamá?, ¿quién cuidará de mi?. Cualquier tipo de intervención o ayuda por parte de un adulto debe tratar con estas tres preguntas. El pensamiento mágico hace pensar al niño que él pudo tener algo que ver con la muerte de su ser querido, por tanto, debe investigarse siempre cualquier idea de responsabilidad que el niño tenga y aclarársela.

A menudo los niños muy pequeños no presentan reacciones graves inmediatas a la muerte, aunque se haya presentado la aflicción (sentimientos anteriormente descritos). Si este comportamiento persiste varias semanas, debe buscarse consejo profesional para ayudar eficazmente al niño; por otra parte, si el niño es incapaz de dominar la experiencia traumatizante de la muerte (le es muy doloroso), puede quedarse fijo o estancado en el nivel de desarrollo que poseía cuando aquella se produjo (es decir, el niño deja de crecer psicológicamente hablando y se comporta como un niño más pequeño, no de su edad correspondiente). Esto habitualmente sucede cuando las fantasías infantiles y el pensamiento mágico no son corregidos por experiencias pertenecientes a la realidad (cuando se deja sin aclarar su responsabilidad y la causa de la muerte, permitiendo que el pensamiento mágico actúe sin un adulto que se lo corrija). En tales casos es imprescindible la intervención profesional. Los niños, como los adultos, experimentarán la pérdida de nuevo en días especiales (reacciones de aniversario en fechas especiales).

CREENCIAS RELACIONADAS CON LA MUERTE

El concepto respecto a qué constituye la muerte varía según las diferentes culturas y épocas. En las sociedades occidentales, la muerte se ha considerado tradicionalmente como la separación del alma del cuerpo. En esta creencia, la esencia del ser humano es independiente de sus propiedades físicas. Debido a que el alma carece de manifestación corpórea, su partida no puede ser vista, o lo que es lo mismo, ser determinada objetivamente. De aquí que, en esta creencia, se ha determinado el cese de la respiración como el signo de muerte.
En la actualidad, se cree que la muerte se produce cuando las funciones vitales —la respiración y la circulación (expresada por el latido cardiaco)— se detienen. Sin embargo, este punto de vista ha sido puesto en duda, debido a que los avances médicos han hecho posible que se mantenga la respiración y la función cardiaca mediante métodos artificiales. Por ello, el concepto de muerte cerebral ha ganado aceptación. Según éste, la pérdida irreversible de actividad cerebral es el signo de muerte.
Durante los últimos años, este concepto ha sido puesto en tela de juicio, ya que una persona puede perder toda capacidad para ejercer su actividad mental superior y sin embargo mantener las funciones cerebrales inferiores, como la respiración espontánea. Por esta razón, algunas autoridades argumentan que la muerte debe ser considerada como la pérdida de la capacidad para la interacción consciente o social. El signo de muerte según este principio es la ausencia de actividad en los centros cerebrales superiores, principalmente el neocórtex. El concepto de muerte en la sociedad es más que un interés académico. La rapidez del progreso de la tecnología médica ha suscitado cuestiones morales e introducido nuevos problemas en la definición legal de muerte.

La muerte es una situación no tolerada con el avance de la llamada cultura del bienestar, que expresa la incapacidad de asumir o aceptar circunstancias que son inherentes al ser humano.
A la luz de los avances de la humanidad y de la cultura del bienestar, cada vez se acepta menos que las personas fallezcan. La muerte es inherente al ser humano pero se toma como algo lejano, algo apartado de la propia vida, cuando en realidad es lo que le da sentido. La pérdida de un ser querido es un ejemplo en el que se pone a prueba al ser humano en todos sus aspectos: biológico, personal, familiar, social, cultural y espiritual. Encontramos aquí que todas las características de la persona y de la sociedad en la que vive influyen en el modo de enfrentarse a este tipo de situaciones. Las convenciones sociales influyen, la manifestación emocional, y las circunstancias de la pérdida (muerte repentina o esperada, por ejemplo), por ello para una eficaz intervención psicológica en casos de duelo es tremendamente importante tanto conocer los hechos que rodean la pérdida como conocer las creencias sobre la muerte que tiene la persona que experimenta duelo.

EVALUACIÓN DE LAS CREENCIAS

Instrumento de Evaluación: Con el fin de evaluar las creencias relacionadas con la muerte en un grupo de escolares, se ha elegido el "Cuestionario de Valoración de Creencias Personales Sobre la Muerte", de Rodolfo Ramos Álvarez.
Se trata de un listado o escala de valoración, siendo el tipo más adecuado dentro de los instrumentos de evaluación psicológica, ya que la variable latente que se pretende medir pertenece al ámbito afectivo.
El cuestionario consta de un apartado para los datos personales (Edad, Sexo, Curso y Religión) y de nueve ítems de respuesta cerrada (aunque con la posibilidad de añadir otra no contemplada en ciertos ítems).

Descripción de la Muestra: Realizaron la prueba 46 niños de dos colegios de distintas zonas de Melilla. 20 de ellos acudían a un colegio ubicado en una zona socioeconómica media, y 26 de ellos acudían a un colegio de ambiente social desfavorecido. Los niños pertenecen a los cursos de 4º, 5º y 6º de Primaria, y el arco de edad abarca desde los nueve hasta los trece años.
Los niños de 10 y 11 años suponen el 77’78% del total, siendo por tanto la mayoría de la muestra del estudio..
De igual forma, un 84’44% de los participantes son de religión musulmana.

En la siguiente tabla y gráficos se contemplan las características de la muestra de forma más precisa
Edad 9 años – 6’67%
10 años- 35’56%
11 años – 42’22%
12 años – 13’33%
13 años – 2’22%
Sexo Hombre – 64’44%
Mujer – 35’56%
Curso 4º Primaria – 20%
5º Primaria – 73’33%
6º Primaria – 6’67%
Religión
Musulmana – 84’44%
Cristiana Católica – 15’56%

Procedimiento de la evaluación: Los cuestionarios se pasaron de forma individual y por escrito, siempre en el ámbito escolar. Una vez conocidas las respuestas de cada niño, se trasladaron los datos al programa Microsoft Excell, según la siguiente correspondencia:
Edad: edad numérica.
Sexo: 1 (niño). 2 (niña).
Curso: 4 (cuarto). 5 (quinto). 6 (sexto).
Religión: 1 (musulmana). 2 (cristiana).
Preguntas 1, 2, 4, 5, 6, 7 y 8: del 1 al 3, salvo en caso de contestar "otra".
Preguntas 3 y 9: del 1 al 4, salvo en caso de contestar "otra".

RESULTADOS

Los porcentajes en la elección de las respuestas fueron los siguientes:

1. Para el sujeto la muerte es: 

Perder la vida – 24’44%
Que se le pare el corazón – 13’33%
Que su alma va al cielo – 60%
Otra (Me pongo a llorar) – 2’22%
2. ¿Ha asistido alguna vez a un entierro? Muchas veces – 22’22%
Algunas veces – 42’22%
Nunca – 35’56%
3. ¿Qué sintió cuando estuvo en el entierro? 

Se quedó quieto – 4’44%
Miedo – 15’56%
Tristeza – 46’67%
Nada – 33’33%
4. ¿Ha pensado alguna vez en la muerte? 

Muchas veces – 22’22%
Algunas veces – 48’89%
Nunca – 28’89%
5. ¿Le da miedo morir? 

Mucho – 66’67%
Poco – 11’11%
Nada – 22’22%
6. ¿Qué le preocupa más de la muerte? 

No volver a ver a sus seres queridos – 73’33%
Qué pasará con su alma – 11’11%
Si le dolerá – 15’56%
7. ¿Cuándo ha pensado más en la muerte? 

Con la muerte de un familiar o amigo – 64’44%
Tras ver una película o telediario – 15’56%
En ningún caso – 17’78%
Otra (no especificada) – 2’22%
8. Morir y dormir… 

Es lo mismo – 24’44%
Se parecen – 20%
No tienen nada que ver – 55’56%
9.Piensa en la muerte 

Justo antes de dormir – 20%
Cuando menos lo espero – 40%
Cuando escucho algo relacionado con el tema – 26’67%
Nunca – 13’33%

OBSERVACIONES.

Uno de los participantes (12/2/6/1) eligió las respuestas 1 y 3 para la pregunta 9. (Piensa en la muerte… justo antes de dormir y cuando escucho algo relacionado con el tema). Se tomó en consideración la respuesta número 1.
En otro caso, un participante (11/1/5/1) eligió las respuestas 2 y 3 para la pregunta 3 (¿Qué sintió cuando estuvo en el entierro? Miedo y tristeza). Se tomó en consideración la respuesta número 2.

Un participante 10/1/4/1 señaló en la pregunta 2 la respuesta 3 (Nunca ha ido a un entierro) y en la pregunta 3 (¿Qué sintió en el entierro?) puso el 4 (Nada) pero lo cambió por el 3 (Tristeza). Ello unido a las dudas que tenían los niños que no habían ido a un entierro sobre qué contestar en la siguiente pregunta hace pensar en la posibilidad de que incluso los niños piensan que tienen que sentir algo, que no es normal no sentir nada en un entierro.

Dos participantes (10/2/5/1 y 10/2/5/2) respondieron a ciertas preguntas con la opción de "Otra" pero no especificaron de qué se trataba. Uno de ellos respondió a la pregunta "Para el sujeto, la muerte es…" con la respuesta escrita "Me pongo a llorar". Parece que este niño ya ha tenido una experiencia de duelo, o bien asume como tantos otros niños que la muerte viene acompañada de un sentimiento de tristeza.

Uno de los cuestionarios resultó no válido debido a la falta de respuesta en la mitad de los ítems, así los resultados se reducen a 45 sujetos.

CONCLUSIONES

Una vez obtenidos los porcentajes de respuesta, se pueden apreciar cómo ciertas respuestas han sido las más elegidas con diferencia, y son por tanto más significativas. Hay que distinguir aquí las respuestas que siendo mayoritarias no son significativas y las que resultan muy significativas, por concentrar un mayor número de elecciones de los sujetos.

MUY SIGNIFICATIVO (porcentaje mayor de 60% de la muestra)
– Al 73’33% de los niños el aspecto que más les preocupa de la muerte es no volver a ver a sus seres queridos. Ellos saben que es algo permanente y se puede apreciar que consideran más grave la pérdida del vínculo afectivo que el dolor físico o lo que ocurrirá con su alma. Pero lo más importante es que al niño le preocupa la muerte, lo que quiere decir que si el adulto no se muestra cercano a él en una situación de duelo proporcionándole respuestas, posiblemente le afecte de forma que repercuta en su desarrollo. Cualquier sentimiento que exprese el niño ante la pérdida es mejor que la desinformación.
– Al 66’67% de los niños le da mucho miedo morir, lo que significa que entienden que no volverán, que la muerte es algo irreversible.
– El 64’44% de los niños ha pensado más en la muerte cuando ésta ha sobrevenido a uno de sus familiares o amigos. Obviamente, la ausencia de esa persona cercana y los acontecimientos que rodean a su muerte impregnan el día a día del niño, y el vínculo afectivo que mantenía con la persona difunta ha desaparecido, todo ello afecta más intensamente al niño y hace que su mente se llene de dudas acerca de la muerte que deben ser resueltas como bien se ha dicho anteriormente.
– Para el 60% de los niños, la muerte es "que su alma va al cielo". Claramente están marcados por la educación religiosa que les ha sido transmitida por su familia o simplemente por costumbres sociales.

RELATIVAMENTE SIGNIFICATIVO (entre el 50% y el 60% de la muestra)
– El 55’56% de los niños piensa que morir y dormir no tienen nada que ver, lo que parece razonable, y aquí hay que tener en cuenta que el 24’44% piensa que morir es lo mismo que dormir, con lo que su idea sobre la muerte aún no es madura, implicando un desconocimiento del criterio de No Funcionalidad que caracteriza a la muerte. El 20% que respondió que morir y dormir se parecen están asociando la imagen del difunto tumbado y con los ojos cerrados a la de dormir en la cama.

BIBLIOGRAFÍA

MARTÍN, GARCÍA-RIBERA, BULBENA (2004): "Abordaje del duelo y la situación de crisis"
Cuadernos de crisis. Vol.1, nº3, pp.21-30.
En [http://www.cuadernosdecrisis.com]. Acceso el 19-04-2005-05-02

MONTOYA CARRASQUILLA, J. (2004): "El Duelo. Biblioteca Básica de Tanatología"
 En [http://www.homestead.com/montedeoya/duelos.html] Acceso el 20-04-2005.

RAMOS ÁLVAREZ, R. (2002): Intervención psicológica en desastres con niños.
 Granada: Grupo Editorial Universitario.

VARIOS AUTORES (1993 – 1996): "Muerte y agonía".
Enciclopedia Microsoft Encarta 97. Microsoft Corporation.

Esta entrada fue publicada en Artículo. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s