origen y desarrollo de la intervención psicológica en desastres con niños

Autor: Rodolfo Ramos Álvarez

Podríamos decir de forma simplificada que es tras el desastre ocurrido en el cámping Las Nieves de Biescas en Huelva en 1996 cuando surge la conciencia en España de que es necesaria la intervención de los psicólogos en el terreno de las catástrofes. No era sin embargo, a pesar de lo que a menudo se piensa, la primera vez que un grupo de psicólogos participaba en la atención a las víctimas de un desastre. Existe documentación escrita acerca de la labor ejercida por estos profesionales en el número 8 de la revista Papeles del Psicólogo en marzo de 1983. Allí se relataba en un par de artículos la labor de los psicólogos implicados en la asistencia psicológica a los afectados por la rotura de la presa de Tous.
Algo más adelante, diez años después, Letras de Deusto, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad del mismo nombre, en mayo de 1993 se encargó de recoger dos artículos de eminente carácter teórico sobre este tema. Con anterioridad no hay nada publicado en español y en ningún caso de interés relevante.
La primera publicación de impacto en este ámbito del saber corrió a cargo nuevamente de la publicación del Colegio Oficial de Psicólogos, con el monográfico “Intervención Psicológica en Desastres” (Papeles del Psicólogo nº 68, 1997).
Pero sin adelantarnos aún tanto en el tiempo, y siguiendo una secuencia temporal de los hechos acaecidos, observamos que la experiencia de aquellos psicólogos precursores les condujo a un entendimiento de la lamentable situación en la que se encontraba en nuestro país la psicología de desastres. No había ni libros ni manuales ni artículos publicados en español, ni asociaciones ni grupos de trabajo ni de investigación y mucho menos cursos de formación o de posgrado. Por esta razón en primer lugar la tarea más urgente fue la creación de grupos especializados dentro del Colegio Oficial de Psicólogos para posteriormente firmar convenios de colaboración con diferentes Administraciones. Ello conllevó la acumulación de experiencias y la progresiva especialización, lo que impulsó la aparición de artículos y congresos. Así, de esta forma tan espontánea, surgieron varios grupos de personas, algunas más formadas que otras, que recogieron el testigo caído, o tal vez arrojado bien desde otros campos del conocimiento científico bien desde la demanda que la propia sociedad hacía.
Los primeros trabajos y publicaciones de los grupos especializados (los pocos que existían) en la intervención en desastres del COP fueron de una nula repercusión, en gran parte porque no tenían gran cosa que decir. Mayormente encontramos en aquellos primeros años delimitaciones conceptuales, si bien en aquella época el Colegio de Geólogos de España y la Junta de Andalucía habían publicado diccionarios de términos relacionados con los desastres mucho más detallados y exhaustivos.
Por su parte, la atención psicológica gubernamental estaba en los psicólogos de Protección Civil. Ellos comenzaban a viajar a aquellos lugares en los que ocurría una catástrofe, si bien las tareas desempeñadas en sus inicios no eran de coordinación de la labor efectuada por los voluntarios o psicólogos de otros organismos, sino de recogida de datos a través de cuestionarios a los psicólogos que trabajaban atendiendo directamente a los afectados. Los resultados fueron publicados posteriormente por el Ministerio del Interior en la revista “Protección Civil”. Muchos pensábamos entonces que aquello no era lo que esperábamos.
Hasta tal punto existía escasez de investigaciones en español en este campo y de recopilación de información, que los datos ofrecidos por un monográfico sobre catástrofes naturales de la revista “Muy Interesante” en Octubre de 1999 fueron usados en algunos cursos de formación para situaciones de crisis y emergencias. Esto no tendría ninguna importancia si no fuera porque fueron a su vez extraídos de un estudio con fallos metodológicos (reconocidos por los autores del mismo) del Instituto Geológico y Minero que ya se encontraba desfasado cuando se publicó hacía años.
La situación dio un vuelco, nunca podremos afirmar que fue radical pero sí que fue progresivo y sin descanso, después de las Segundas Jornadas de Victimología organizadas por la Asociación Víctimas del Terrorismo en colaboración con la Universidad de Tel-Aviv en el año 2000. Para este momento la sociedad parece estar madura para saber qué demanda de los psicólogos para estas situaciones. En este punto nos encontramos que ya ha habido con anterioridad cursos de formación para personal sanitario y de otras administraciones en sindicatos, comunicaciones en congresos y publicaciones ciertamente de utilidad como el “Manual práctico de apoyo psicológico en situaciones de emergencia”, fruto de las actuaciones realizadas en varios desastres con numerosos fallecidos y afectados.
 Para este impulso y cambio de rumbo no sirvió de nada la designación por parte de la ONU del Decenio Internacional para la Prevención de Catástrofes Naturales (1990-2000) sino que fue más bien el trabajo y las inquietudes de unos pocos que supieron abrir puertas en nuestro país en la psicología de desastres. Por ellos se celebraron encuentros como las Primeras y las Segundas Jornadas de Intervención en Situaciones Críticas de Icas celebradas en el COP de Madrid.
Paulatinamente, como hemos comprobado, éste fue un campo de acción nuevo que ha dejado en cierta forma de serlo. Así, los destinatarios de dicha actuación se han ido ampliando con el tiempo. Estuvo limitado en un primer momento sólo a los afectados por la crisis y a los familiares para, en un segundo momento reparar en la conveniencia de la atención a los voluntarios y colaboradores. Desde la iniciativa privada, como es el caso de la empresa Icas, en la intervención psicológica en desastres se ha llegado desde hace unos pocos años incluso a un tercer paso. Éste corresponde a la atención de los empleados de las empresas afectadas por el desastre.
 Yendo más allá y concretando en las edades diana de la población destino, la especialización se ha producido en los últimos dos años. La causa principal fue el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York el once de septiembre de 2001. En numerosos hospitales se atendió, entre a otros grupos de edad, a menores aquejados de síntomas de estrés postraumático y ansiedad. Este hecho produjo la proliferación de documentación en inglés en Internet y en la prensa estadounidense relacionada con las intervenciones desarrolladas con los niños, así como orientaciones para su actuación. Especialmente interesantes en esta línea fueron las pautas dadas por la Cruz Roja Americana en el Plan “Los Amos del Desastre”.
 En España el único libro o artículo sobre este tema es el libro “Intervención Psicológica en Desastres con Niños” donde además de recoger consejos para los profesionales de la salud y para los padres, hay un cómic a color para entregar a los menores implicados. En él se anticipa el posible desarrollo de los síntomas disminuyendo así la ansiedad a los progenitores y a los mismo niños, los cuales pueden así ver como normales sus sensaciones, conductas e ideas.

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